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El de Cochabamba, un Carnaval de diversas expresiones, sabores y colores
Periódico Digital PIEB • 01-03-2006 Diverso. Si hay una palabra que describe al Carnaval en el departamento de Cochabamba es diverso, según el antropólogo Wálter Sánchez, quien en esta nota describe la fiesta con todos sus simbolismos. De hecho, no puede hablarse de un carnaval cochabambino, asegura. “Según la zona, sea urbana o rural, el Carnaval varía en sus sentidos, sus músicas, sus códigos, sus fechas”.

Vamos por partes. El Carnaval en la ciudad de Cochabamba –explica Wálter Sánchez, coautor del estudio “Cultura, Creatividad, Patrimonio y Mercados: estudio para la generación de iniciativas culturales en el Departamento de Cochabamba”, trabajado junto a Alejandra Ramírez– tiene una duración de hasta tres semanas. Se inicia con la celebraciones tradicionales de “jueves de compadres” y “jueves de comadres”, seguidos del “martes de ch’alla”, continúa con el Corso Infantil y el “Corso de Corsos”. Desde hace unas pocas décadas se realizan los carnavales de la zona Norte y de la zona Sud. Paralelamente se llevan a cabo eventos tradicionales como la Feria del Puchero, el Confite, las Mascaras y el Acordeón. Otro evento carnavalero importante es el Festival Departamental de Taquipayanakus en el estadio departamental y donde se enfrentan, en desafíos cantados, los mejores copleadores y copleadoras de Cochabamba.

De compadres y comadres
Una celebración tradicional durante todo el siglo XX –continúa el antropólogo– fue el “jueves de compadres” y el “jueves de comadres”. Según Víctor Varas Reyes, esta celebración se inició a fines del siglo XIX. Los festejos comenzaban en el antiguo templo de los Mercedarios, con la participación de las regatonas del Mercado Viejo (“27 de mayo”). Posteriormente fue asumida por las carniceras, fruteras, “comideras” y “chifleras” del Mercado Nuevo (“25 de mayo”), donde el festejo de “comadres” comenzó a realizarse bajo la advocación del “Señor de la Sentencia”, con música de banda, cohetes, bailes y mojazón. Organizada por mujeres del mercado, se impuso como la presencia femenina dentro de un Carnaval urbano dominado por hombres y que en la actualidad se ha extendido a todos los estratos femeninos de la sociedad cochabambina. En otros barrios de la ciudad se festejaba el Carnaval adscrito a algún santo patrono. Así, en la zona Sud-Oeste se festejaba en honor al “Señor de Ramos”.

Según el historiador Gustavo Rodríguez, el “corso” carnavalero urbano de Cochabamba fue organizado por primera vez en 1887 por un alemán llamado Adolfo Schultze y tuvo como finalidad fortalecer el consumo de cerveza, bebida que comenzaba a disputar el gusto cochabambino por la tradicional chicha, según el relato de Sánchez.

Desde entonces, como señala Wilson García Mérida, el Corso cochabambino ha sido un espejo de la realidad social y política del país. Así, durante las primeras décadas del siglo XX las personas que usaban mascaras debían inscribirse y pagar una patente considerada en realidad una forma de ingreso económico para el municipio, pero también un mecanismo de control político y social. En la década de 1970 –dice el antropólogo– los militares se apropiaron del Corso y fue desde entonces que la gente de la ciudad salía a mirar cómo los distintos regimientos desfilaban satirizando aspectos de la vida civil de la ciudad (por ejemplo, ridiculizando a las alumnas del Liceo de Señoritas “Bolivia”) o recreando personajes de películas.

Su re-invención, como un “Corso de Corsos” o “Carnaval de la Concordia” se inicia en la década de 1980, desplegando su narrativa vinculada a convertirse en la fiesta de la integración Nacional. De ahí que, fuera de la presencia de los regimientos militares del departamento se encuentra la presencia de comparsas de jóvenes, “tropas” de músicos y danzantes indígenas, así como fraternidades folklóricas llegadas de todo el país. Se trata de la moderna tradición inventada más importante del departamento.

Los sabores, olores y colores del Carnaval
Wálter Sánchez dice que Cochabamba no es un lugar donde “se come mucho” sino un departamento donde se come bien, además rico y variado. De ahí que el Carnaval, como todas las demás fiestas, tenga sus propios sabores. Estos son: el Puchero, plato que posee fruta de la época (durazno) y se prepara con carne de res y cordero (brazuelo o costillar), arroz, papa, ají; o la huminta a la olla con mucho queso. También tiene sus propios olores (q’oa e incienso) que se siente los viernes y con gran intensidad el “martes de ch’alla”, cuando se agradece a la tierra (Pachamama) por lo favores recibidos. El juego con agua constituye un elemento fundamental y se prolonga por todo el Carnaval. Hasta mediados del siglo XX la gente arrojaba cascarones de huevos llenos de perfume o agua teñida.

En los pueblos…
El Carnaval en los pueblos y ciudades de los 45 municipios de Cochabamba –explica Sánchez– tiene su propia dinámica y sus fechas. En el Valle Alto aún siguen existiendo “pandillas” de copleadores y domina la música vinculada a los desafíos cantados (taquipayanaku). Música de acordeón y acordolas, charangos y guitarras acompañan estos festejos. En las comunidades de ex hacienda y en municipios donde se mantiene arraigado el ayllu (Municipios de Tapacari, Bolívar, Arque, Sicaya, Aiquile, Capinota) y por tanto con presencia campesina mayoritaria, el año se halla dividido ritualmente en dos mitades: por un lado el Periodo de Lluvias, el mismo que se inicia ritualmente en Todos Santos y se extiende hasta el Carnaval (Domingo de Tentación) y, por otro, el “Periodo Seco” que va desde Carnaval hasta Todos Santos.

El periodo de Lluvias, cuando las comunidades se repliegan debido a sus actividades agrícolas, se vincula a rituales dedicados a las deidades “andinas” (los muertos, la Pachamama, los “diablos”) que se hallan en nuestro mundo (Kay pacha) para ayudar a los hombres y mujeres en sus actividades. El Carnaval es el momento ritual cuando se despacha a estas deidades a su mundo. De ahí que los personajes mas importantes a ser despedidos son los “diablos” y los muertos. Los instrumentos musicales de este periodo y del Carnaval tienen una función sonora y ritual. Así el pinkillu es un instrumento que sirve para atraer a la lluvia; en cambio los tarka sirven para dejar de hacer llover. Los jitarrones, t’alachi, guitarrillas y qonqota son los instrumentos musicales de enamoramiento del Carnaval. El temple de estos instrumentos es “diablo” y el ritmo es el waynu. En muchas comunidades de la sierra Sur del departamento se realiza el Tinku.

“En el Carnaval de Cochabamba no existen ni van a existir las “Comparsas de mirones” como tampoco los “espectadores” de eventos de tinte étnico. El conjunto de la sociedad participa de manera solidaria pero también competitiva, pues todos saben que el Carnaval es un espacio de lucha simbólica y no de inertes tradiciones”, resume Wálter Sánchez.

Nuevas tradiciones
Durante la década de 1990 las políticas culturales del municipio de Kanata (ciudad de Cochabamba) enfatizaron en acciones vinculadas a recuperar tradiciones culinarias, musicales y de instrumentos musicales. Apoyadas por el Departamento de Etnología y Folklore se realizan actividades como la Feria del Puchero, el acordeón, la concertina y la acordola. Actualmente estas actividades se hallan consolidadas, dice el antropólogo, principalmente con respecto a la comida. Por otro lado, se inicia un proceso de potenciamiento del Corso hasta su constitución como el “Corso de Corso” o “Carnaval de la Concordia”, intentando recuperar las tradiciones vinculadas a las pandillas. Y el apoyo a los Carnavales de la zona Sud y de la zona Norte (“Carnestolenda de Tentacion”), formó parte de las políticas públicas de potenciar las tradiciones populares vinculadas a la sátira y la ridiculización.

La presencia de miles de inmigrantes en la ciudad y en el departamento ha generado, no obstante, procesos renovados y de cambio cultural que se aprecian en la actualidad en la presencia de fraternidades y comparsas como las de los Chutas, Pepinos, Tarqueadas, Mohoceñadas, grupos autóctonos. Sociedad culturalmente mestiza, el Carnaval en Cochabamba es una expresión de este rasgo social. De ahí que en Cochabamba se mezclen tradiciones “modernas” y “antiguas”. De manera distinta a otros carnavales en Bolivia donde los rasgos indígenas o de las elites económicas han eclipsado otras expresiones, el Carnaval en Cochabamba es un evento en el que la diversidad participa con sus propios colores y sabores, señala el estudioso Sánchez. Sociedad en la que la competencia es una virtud y el conformismo mal visto, el cambio en las expresiones culturales es normal. De ahí que más que procesos de recuperación de antiguas tradiciones, lo que prevalece en Cochabamba es el constante surgimiento de nuevas y modernas tradiciones o la re-invención o re-funcionalizacion de otras más antiguas. Tal hecho es evidente con la celebración popular de “comadres” que ha rebasado sus límites locales y ha consolidado sus sentidos lúdicos y contestatarios a partir de un imaginario vinculado a la mujer cochabambina: heroína de la Coronilla/warmi valiente.

Ahora bien, el Carnaval en la ciudad de Cochabamba puede dividirse en eventos oficiales, vinculados a las políticas municipales, y actividades de recreación de la gente de la ciudad. La principal actividad del Carnaval es el juego con agua, en el que participa toda la población. Las fiestas de disfraces son un complemento indispensable y, entre los jóvenes, las “mascaradas” en todas las discotecas de la ciudad.

Estudios relevantes sobre la fiesta
De acuerdo a la información proporcionada por el Wálter Sánchez, existen descripciones tempranas sobre el Carnaval en Cochabamba hechas por Teofilo Vargas, Víctor Varas Reyes y Antonio Paredes Candia. Estos trabajos tienen la bondad de mostrarnos aspectos importantes del Carnaval de antaño. Estudios historiográficas sobre el Carnaval en la ciudad de Cochabamba son los de Gustavo Rodríguez y de García Mérida. Estas investigaciones trazan los cambios, los intereses, las pugnas vinculadas al Carnaval en relación al entorno social, económico y político del país y la región. Guillermo Gutiérrez y Estela Rivera, en su libro “Fiestas y Festividades más importantes de Cochabamba”, han reseñado diversos carnavales. El Diagnostico “Cultura, Creatividad, Patrimonio y Mercados: estudio para la generación de iniciativas culturales en el Departamento de Cochabamba” de Alejandra Ramírez y Walter Sánchez posee un calendario con las fechas del Carnaval en la mayor parte de los municipios del departamento. No existe, sin embargo, un trabajo que sintetice una visión historiográfica del Carnaval en la ciudad de Cochabamba.

Desde una perspectiva etno-musicológica existen trabajos que han incidido en el Carnaval de las zonas rurales en su vinculación cosmologica como los trabajos de Max Meter Bauman, con el calendario ritual, como los de Florencio Caero y Florencio Condori, con el calendario de instrumentos musicales, con géneros y ritmos que se tocan, con danzas que se bailan. Discos con grabaciones de campo hechas en varias zonas campesinas muestran la riqueza musical, instrumental y rítmica del Carnaval entre los que destacan las ediciones realizadas por el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño, la Comunidad Pusisuyu o las mismas comunidades tal como ocurre con las ediciones hechas por el Ayllu Majasaya o la comunidad de Raqaypampa. En esta línea vinculada a la industria fonográfica es importante destacar la vinculación que ha existido entre la empresa disquera Lauro & Cia y las coplas del Carnaval y que han estado dirigidas al un publico campesino e indígena. Y en esta línea es importante subrayar la presencia de destacadas copleras que han grabado una gran cantidad de discos simples en 33 r.p.m. como Encarnación Larzarte, Marta Soto, Braulia Jaldin, Dora Romero, Arminda Vocal, Ricarda Galindo y muchas otras copleras más.

Investigaciones vinculadas a la coplería del Carnaval (taquipayanaku) son pocas y han sido agrupadas en su vinculación a las coplas de Todos Santos. Un trabajo pionero de recopilación es el “cancionero” popular de Olmos (1966) o el de Jesús Lara vinculado a la poesía quechua valluna. Aunque se ha enfatizado en su característica burlesca, el trabajo de etnomusicólogo Tomas Solomón, ha incidido en su performance como desafío cantado. Tania Suárez ha realizado una tesis dedicada a una de las mejores copleras campesinas de Cochabamba: Doña Encarnación Lazarte.

El Carnaval dentro en su vinculación ritual con el calendario agrícola aparece en varios trabajos desde una perspectiva antropológica. Ramón Sanzetenea vincula el ciclo del Carnaval como destacado dentro del calendario agrícola. José Antonio Rocha, en un texto vinculado al Valle Alto, destaca las implicancias simbólicas del Carnaval y otras fiestas dentro del calendario agrícola-ritual. Hans Van den Berg, ha mostrado igualmente la relación entre el Carnaval en las comunidades andinas y su perspectiva cosmologica en varios artículos y en su libro “La Tierra no da así nomás”.

Estudios urgentes en el futuro
Según Walter Sánchez, un trabajo urgente debe ser recuperar la gran cantidad de discos de vinilo con coplas (de Carnaval, de Santa Vera Cruz, Pascua, Todos Santos) grabadas por las mujeres campesinas de los valles de Cochabamba y editada por la empresa Lauro y Cia. Así mismo, los discos (simples y LPs) editados por esta empresa con “contrapuntos carnavalescos” entre pandillas de los pueblos vallunos (Arani, Tarata, Punata…).

La relación entre género y música (mujeres copleras-desafíos cantados) constituye hoy por hoy otro tema a investigarse. Laura Gotzowitz ha destacado el papel de las mujeres cochabambinas en la construcción de imaginarios urbanos y por los sentidos de la historia a partir de la imagen de las Heroínas de la Coronilla. En esta misma línea debe estudiarse el papel de las mujeres de clases populares (“Las Hijas del Pueblo”) en la narrativa del “jueves de comadres”, contrapuesto al “jueves de compadres” y al Carnaval de las elites locales.

El papel de las dictaduras militares en la tradición inventada del Carnaval urbano de la ciudad de Cochabamba es un ejemplo de políticas culturales desde el Estado y que han tenido un impacto sobre las culturas populares y sobre los imaginarios regionales, dice Sánchez. Y no existen trabajos que hayan estudiado el impacto de los regímenes cuartelarios sobre la cultura y la vida cotidiana dentro de las ciudades. No es casual que en el “Carnaval de la Concordia 2006” del total de 103 inscritos, más de 50 comparsas pertenezcan a las unidades militares mientras que sólo 42 correspondan a fraternidades folklóricas, grupos y “pandillas”.

El “Carnaval de la Concordia”, tanto como moderna tradición inventada como en su vinculación con los imaginarios regionales, también puede constituir en un eje importante para estudiar la cultura popular actual, sostiene el antropólogo.

Luego, trabajos antropológicos son imprescindibles para comprender el papel del Carnaval en las sociedades agrícolas quechua y aymara. Recopilaciones etnomusicologicas deberán realizarse a fin de documentar materiales sonoros en un momento cuando se están dando profundos cambios. La inmigración hacia la ciudad y hacia los diversos municipios del departamento también está generando cambios culturales y proyectando modernas tradiciones. “En tal línea, deben estudiarse los procesos de re-creación cultural e identitaria a partir de los diversos carnavales. Vinculada más bien a una antropología urbana o a una sociología de la cultura, debe estudiarse el papel de los jóvenes en la constante re-construcción y re-invención de los sentidos del Carnaval. Y la industria cultural y su vinculación con el Carnaval deben ser temas de estudio, así como el impacto del Carnaval en el turismo y la economía regional”.

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