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ECONOMÍA
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Investigador identifica un neoextractivismo en las "izquierdas" de la región
jueves 04 de febrero de 2010

Lejos de cambiar la estructura económica de los países en desarrollo, los gobiernos de izquierda apuntaron, desde hace algunos años, hacia un nuevo tipo de extractivismo de materias primas. En criterio del investigador Eduardo Gudynas (Uruguay), se trata de un proceso de extracción de recursos naturales que los denominados gobiernos de izquierda legitiman ante el pueblo con la entrega de bonos y políticas asistencialistas.

Eduardo Gudynas explica que la antigua izquierda, o la izquierda clásica, siempre rechazaron las economías de enclave, pero los gobiernos progresistas de ahora convirtieron el extractivismo en “un factor necesario para el desarrollo”.

En esta entrevista con el SI-PIEB, Gudynas habla de sus más recientes reflexiones en torno al tema.

¿Cómo caracteriza la crisis del extractivismo de materias primas en nuestros países?
La situación interesante es que los gobiernos progresistas en América del Sur mantienen los sectores extractivos, especialmente en minería e hidrocarburos, pero reconfigurados de una nueva manera, por lo tanto es un extractivismo distinto al de la década del ‘90 y ’80 que emergió de las reformas del mercado. Es un nuevo extractivismo de una mayor presencia estatal. Las empresas estatales controlan más estos sectores, imponen tributos enérgicos, pero se mantiene una inserción internacional subordinada y seguimos exportando a los mercados globales.

Aquí se genera un vínculo muy importante: los Estados captan una mayor parte de este excedente y con eso financian una buena parte de sus programas sociales y de fortalecimiento estatal. Entonces los gobiernos de izquierda tienen buena parte de su legitimación en base a sus políticas sociales, como bonos o asistencias focalizadas en salud, pobreza, educación, etcétera. Están en la paradoja de que el financiamiento de esa asistencia focalizada, esos programas sociales que los definen como de izquierda, necesitan mantener un fuerte extractivismo en el mercado internacional. Eso genera tensiones terribles, porque necesitan exportar petróleo, esa exportación genera enorme impacto social y ambiental a nivel local, pero el propio Estado fortalece y favorece ese extractivismo porque utiliza parte de esa renta en mantener los bonos.

¿Lavaron la cara del antiguo extractivismo? ¿En qué sentido es distinto éste neoextractivismo?
No le lavó la cara, es distinto. Es un extractivismo regulado por el Estado, el anterior era transnacionalizado. Además la ayuda estatal se utiliza en programas focalizados que, por ejemplo, en el caso de Brasil sirve para amortiguar y reducir la protesta social frente al propio extractivismo.

¿Las ideas de que este extractivismo puede generar industria nacional tampoco se concretan?
No ha pasado en ningún país. Toda la vieja discusión académica sobre las economías de enclave, que especialmente difundió la izquierda en los ‘50 y ’60, de alguna manera ahora hay una amnesia colectiva. Tengo un artículo interesante que recoge un reporte del BID de 50 años atrás, si la memoria no me falla, donde presenta un programa de integración regional. Si lo lees ahora, es más de izquierda que los propios programas que están haciendo los gobiernos progresistas.

¿Qué opina sobre la participación indígena que reivindican estos gobiernos de izquierda en procesos de concesión de explotación de hidrocarburos u otros?
En Bolivia ha habido declaraciones de algunos jerarcas del gobierno que indican que de alguna manera esa participación y consulta se tiene que regular, para que no evite la inversión y el aprovechamiento de los recursos estratégicos mineros y petroleros. Eso es una luz de advertencia, una luz roja. Lo mismo sucede en países vecinos, el debate más profundo en este momento es en Ecuador. Ahí hay una lógica de que la explotación petrolera en la amazonia tiene tales costos culturales, sociales, ambientales y económicos, que ni siquiera ya es un buen negocio. Traducido a la realidad boliviana, sería tener una discusión en que se prohíba, por ejemplo, la explotación petrolera en áreas protegidas como el Madidi. Lo interesante desde el punto de vista académico es que genera un debate sobre qué es el postdesarrollo más allá del extractivismo, cómo se van a estructurar las economías para asegurar calidad de vida, mantener los programas sociales sin depender de seguir exportando materias primas como hace 500 años.

 





Los artículos difundidos por el Servicio Informativo PIEB pueden ser reproducidos total o parcialmente, citando la fuente.
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