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Investigadores identifican 75 danzas autóctonas de La Paz
Periódico Digital PIEB • 04-03-2010 Las danzas autóctonas de distintas zonas del departamento de La Paz están relacionadas con el ciclo agrícola y son la expresión icónica de los deseos de futuro de los campesinos. Un equipo de investigadores identificó 75 danzas, aunque están seguros de que hay más, en un estudio que pretende alentar a más investigaciones.

Eveline Sigl, Elena López Zenteno y David Ordoñez trabajaron en la identificación de las danzas autóctonas, sus personajes, sus representaciones icónicas y el contexto en que se desarrollan.

Según Sigl, “prácticamente todas las danzas están muy relacionadas al ciclo agrícola” y cada fase de ese ciclo tiene sus propias manifestaciones.

El período de la siembra de la papa, por ejemplo, tiene a la danza de la Waka Waka, Wakatinti, Wakatinki o Wakatokori, según sean los lugares del altiplano paceño. En la fase de siembra o crecimiento del cultivo se practica la Pinkillada, la Aywaya, el Wititi o la Kambraya. En la época de cosecha se baila Uxusiris, Mokolulu, Choquelas o Quena Quena. En la fase de selección de papa para elaborar chuño se baila la danza Lakita, y en la preparación del chuño se baila Jach’a siku.

Otro elemento común de las danzas autóctonas es, según Sigl, su “iconicidad”, un concepto ya utilizado por Catherine Allen. “Entonces no es una mera representación de lo que se está haciendo (sembrando, cosechando, etcétera), sino que a través de esa representación en pequeño se anticipa lo que va a ser el futuro. En otras danzas se ve que se hacen para que después pase algo, para que llueva, para que haya helada, etcétera, son danzas que anticipan en cierta manera el futuro o que tratan de influir. Podría llamarse animismo, que toda la naturaleza es animada y que eso puede influir en el contexto de reciprocidad”, dice la investigadora.

Los Uxusiris (los que hacen bulla), por ejemplo, bailan con faldones de paja en la época inmediatamente anterior a la cosecha. Es una danza que se ejecuta de noche, por eso los bailarines llevan un poncho negro, con bordados de estrellas y luna. Sus faldones de paja hacen ruido para espantar animales o posibles ladrones de la cosecha, pero además su forma icónica hace referencia a la phina (silo de paja) para guardar las papas recién cosechadas.

Así como están vinculadas a la vida cotidiana y productiva, las danzas muestran el contexto dinámico en el que vive la población. Sigl recuerda la danza Wiphalitas en Taipichinaya, provincia Camacho, donde se ha incorporado un bailarín disfrazado de policía y otro de enfermero (funcionarios relativamente nuevos en el pueblo). Y es que, de acuerdo al contexto, existe una importante incorporación de nuevos personajes, nuevos materiales, nueva ropa y nuevos estilos de música.

“Mi coautor, David Ordóñez Ferrer, vio una vez una representación de Choquelas o de Quena Quena, donde los bailarines aparecieron con chompas de Evo. Era como una forma de mostrar su alegría por el cambio, mostrar su esperanza y justamente se ve que son esas cosas las que forman parte de la dinámica de las de las danzas”, recuerda Sigl.

La investigación encabezada por Sigl está plasmada en el libro Cada año bailamos – Sapa maraw thuqtapxirita – Danzas autóctonas del departamento de La Paz, publicado con el apoyo del Gobierno Municipal de La Paz.

Sigl considera que muchas danzas que están desapareciendo, a pesar de los intentos por recuperarlas y revitalizarlas. En su criterio la investigación sobre estas danzas y su difusión entre la población es una tarea pendiente para el sistema educativo.

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