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Nota
 
Monitoreo de cacería y pesca en la TCO Tacana para el manejo de fauna

WCS Animales Silvestres Periódico Digital PIEBUn automonitoreo de la cacería y pesca realizado en el periodo 2001-2007 por cinco comunidades de la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) Tacana en el departamento de La Paz, reveló que siete especies de animales silvestres representan una gran parte de la biomasa cazada, y permitió que la captura y consumo de la fauna se realice de manera más sostenible, bajo un sistema de gestión territorial.

El biólogo e investigador de Wildlife Conservation Society (WCS), Guido Miranda explicó que el trabajo de monitoreo respondió a uno de los objetivos de desarrollo del Consejo Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA), que tiene como meta generar varias alternativas de uso sostenible de sus recursos naturales bajo un sistema de gestión territorial, donde uno de los componentes es el uso de fauna para la cacería.

“Producto de que muchas comunidades identificaron a varias especies de aves y mamíferos sujetos a la cacería como un recurso estratégico para su seguridad alimentaria, decidieron iniciar un sistema de monitoreo que les permita conocer las fluctuaciones, las variaciones, las respuestas de poblaciones sujetas a los niveles de extracción que ellos tienen”, explicó.

A partir de esa identificación es que se inició el automonitoreo de pesca y caza, desde 2001 a cargo del CIPTA en cinco de las 19 comunidades de la TCO Tacana, con apoyo técnico de la WCS. “Consistía en que cada cazador reportaba y anotaba los datos de las especies que cazaba, la fecha, la hora de la captura, el lugar, el peso del animal, si estaba preñada al momento de haber sido cazada, y el uso que se le dio, es decir, si fue consumido, regalado o intercambiado”, indicó al Periódico Digital PIEB.

Resultados del monitoreo
El automonitoreo permitió establecer que siete especies son las más importantes para las comundidades: el chancho tropero (Tayassu pecari), el anta ( Tapirus terrestris), el taitetú (Pecari tajacu), el huaso (Mazama americana), la peta de agua (Podocnemis unifilis), el manechi (Alouatta sara) y el tejón (Nasua nasua). Sin embargo, los indicadores coadyuvaron en una mejor planificación de la cacería. “Si antes veían un grupo de troperos y los cazaban a todos los que podían, ahora se evita cazar a hembras preñadas o individuos juveniles”, dijo.

El tropero abarca el 24 por ciento (%) del total de la caza, seguido por el anta con el 15%, mientras que la peta de agua representa el 6%, y el tejón el 5%.

“Ellos mismos (cazadores indígenas) analizaron dentro de las comunidades los datos que se analizaban fluctuaciones y a partir de los cuales surgían algunas decisiones, como de reducir la presión sobre alguna especie que se veía que cada vez era más difícil cazar”, señaló Miranda.

Según el biólogo, todas las especies monitoreadas se mantuvieron en un nivel sostenible y no entraron a una situación de peligro, “la mayoría de las especies estaban mostraron tasa de extracción constantes”.

El ex presidente del CIPTA (organización representativa del pueblo Tacana,quien coordinó el monitoreo) Jesús Leal Ruelas, dijo que el monitoreo le permitió a la TCO Tacana evaluar el impacto de la cacería en la zona, ya que antes la caza era abundante, y luego de conocer los resultados del impacto sobre la fauna del lugar, se pudo reducir la actividad, a fin de aprovechar de manera sostenible los recursos de la naturaleza.

“Se identificó a los animales que estaban en peligro de extinción, esos resultados nos han servido para una mejor planificación. Pero ahora que las comunidades están más conscientes de eso, han surgido otras amenazas de terceros, como son los pescadores de otras zonas que se han multiplicado hasta en un 500 por ciento”, aseguró.

Impacto en su economía y alimentación
Actualmente se cuenta con una base de datos, con 15.802 registros de cacería de 55 especies cazadas; de los cuales 27 son mamíferos, 24 aves y cuatro reptiles e información sobre el destino de la cacería y su contribución económicas a las comunidades.

Del monitoreo también se pudo establecer que el 85% de la cacería se destina al consumo familiar y el restante 15% va al intercambio por productos básicos. Cada una de las 70 familias que participaron del proceso, obtuvieron un aporte proteínico de 229 kilogramos al año, lo que representó un subsidio anual de carne por familia de aproximadamente 3.435 bolivianos.

La segunda fase del monitoreo se inició en 2011, ésta vez con la participación de los niños y niñas en edad escolar de cuatro comunidades indígenas y el apoyo del sistema educativo local. En el cuaderno de monitoreo se incorpora ahora, también datos de sanidad, parea reportar si el animal estuvo enfermo al momento de ser cazado.

Contacto: gmiranda@wcs.org


 
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