Los 90, años de la democracia pactada, la descentralización, la inclusión y la globalización


El Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) nació a principios de los años 90, una década fundamental para la consolidación de la democracia y también para lo que hoy vive el país. Algunos de los hitos históricos de ese momento los recuerda a continuación la historiadora María Luisa Soux, en una entrevista que intenta resumir una década definitoria de los cambios actuales.


¿Cuál era el momento por el que pasaba el país en la década del 90?


Los años 90 el país vivía la etapa de lo que René Mayorga llamó la democracia pactada. El año 93 el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) sube al poder con un porcentaje de votos de alrededor del 35% lo que, aparentemente dentro de este postulado de la democracia pactada, le da mayor fuerza por lo que va a tratar de modificar en algo las bases políticas y sociales en las que se había movido el país a partir de 1985. Y digo modificar en algo porque, en realidad, en algunos aspectos no cambia sustancialmente lo más profundo, sino que se le da un nuevo maquillaje, tomando en cuenta el hecho de que el compañero de Gonzalo Sánchez de Lozada sea Víctor Hugo Cárdenas, la participación reducida del Movimiento Revolucionario Tupac Katari de Liberación (MRTKL) dentro del Gobierno y el que se le haya dado la espalda a esta propuesta de lo que muchos creían un nuevo tipo de democracia más inclusiva. Eso se vio, por ejemplo, cuando el proyecto de la Participación Popular tuvo todo un debate previo sobre si iba a estar basada en las comunidades, que era la propuesta del MRTKL, o si iba a estar basada en los municipios que fue finalmente lo que triunfó.


En estos años, la visión de la Participación Popular basada en municipios va a provocar unos cambios sutiles en su momento pero que hoy en día son importantes. Por un lado, va dar lugar a que la gente de los municipios que vive en la ciudad empiece a buscar opciones de poder local; por otro lado, el debilitamiento de posiciones más comunitarias y, frente a esto, posiciones políticas que se van a manifestar en la década del 2000. Es un proceso de descentralización, pero tomando como elemento el municipio; y no precisamente el municipio como un factor de equilibrio entre lo urbano y lo rural, sino como factor para urbanizar los espacios rurales, lo que va limitar propuestas desde los otros niveles hacia lo rural.


Fue también en estos años en que se dieron cambios en la Constitución Política del Estado (CPE) para declarar Bolivia intercultural y plurilingüe. Si bien es importante dar ese paso y ponerlo en el discurso, no se empodera totalmente a lo intercultural. Hay un juego de dos instancias que no terminan de cuajar: por un lado la instancia gubernamental oficial, basada en el monopolio de los partidos políticos; y por otro lado este movimiento que ya había surgido con el Katarismo que ve frustradas sus esperanzas. Y entonces se va dar, por ejemplo, un desconocimiento de lo que pudo haber hecho Víctor Hugo Cárdenas, porque precisamente la frustración es mayor que el reconocimiento de los discursos que empiezan a generarse. Se frustra una opción realmente intercultural, de reconocimiento de las otras realidades bolivianas que se subsumen en el monopolio de los partidos políticos y el juego absolutamente perverso de componendas partidarias. Lo interesante es que este momento va llevar a propuestas nuevas desde sobre todo el área rural y también desde el área urbana; es importante destacar la fuerza que tenía Conciencia de Patria (CONDEPA) o la Unidad Cívica Solidaridad (UCS), pero por otro lado también el surgimiento primero lento, a veces con opciones violentas --como el EGTK--, pero que van a cuajar posteriormente en propuestas mucho más amplias en el año 2000.


En ese contexto surge la propuesta de la Reforma Educativa, muy importante e interesante, aunque ahora le digan neoliberal, que se plantea como algo trascendente porque el país se da cuenta de que la educación no sólo es un discurso para los niños, sino un cambio de paradigma de cómo se va a trabajar. Por ejemplo, ese acercamiento para aprender en las lenguas para mí era un paso muy importante, como lo fue acercarse a la comunidad, posibilidad que quedó frustrada finalmente.


Otro debate de esa década es el divorcio que se da en el discurso en temas tan fundamentales como la soberanía nacional. Y esto lo vamos a ver en el gran apoyo que se va dar a la Ley 1008 y la respuesta de los cocaleros, quienes no solamente están luchando porque se reconozcan sus movimientos o la defensa de la coca, sino que están desvelando esa negación de soberanía que se esconde en relación a la 1008, que creo que es un tema que no se ha estudiado con mayor profundidad.


Además de esto hay una ceguera en esta época y es el desconocimiento de los movimientos regionales. Hay toda una ceguera porque no se piensa en la legitimidad de ciertos movimientos regionales. Entonces podemos identificar tres cegueras -no sé si intencionadas o cegueras por incapacidad- la primera, poner en el discurso pero no en la práctica el tema de la interculturalidad; luego, negar el problema del participación real, ciudadana, como los movimientos cocaleros, los movimientos de tierras, etc.; y finalmente negar el poder de las regiones, que es lo que nos va llevar a todos los conflictos a partir del 2000.


Otro hito histórico de ese momento que también me parece interesante y que tampoco ha sido tomado muy en cuenta ha sido el de la Ley INRA, que tenía elementos muy interesantes que se reconocen aún hoy, como el solar campesino -con un cambio tal vez de palabras, pero es el reconocimiento de la propiedad campesina que es inembargable- y también la creación de Tierras Comunitarias de Origen (TCO), que eran importantes.


Entonces podemos decir que los gobiernos de esa época -y con más fuerza en la época de la Acción Democrática Nacionalista (ADN), que es cuando se empieza a sentir una desestructuración con más fuerza- se hallan como encerrados en una contradicción: por un lado sus intereses de una política liberal, de una política de democracia pactada con una ilusión de una ciudad/ciudadanos frente a una realidad mucho más compleja que no llegan a entender. Entonces es esa la debilidad la debilidad de esta etapa.


¿Qué estaba pasando con la investigación en Bolivia?


Es la etapa del auge de los estudios antropológicos. El discurso indígena muy fuerte en ese momento lleva a muchos estudios de corte antropológico, de etnohistoria, inclusive con propuestas políticas. Es decir que los que llevan la palabra a inicios de la década del 90 son los antropólogos. Posteriormente los que llevan la palabra son los politólogos. Entonces vamos a encontrar que a partir del 95, del 96 los que empiezan a tener voz pública van a ser los politólogos y los proyectos de investigación van a seguir también esas tendencias.


Los aportes desde la antropología llegan de diferentes regiones, de diferentes zonas, tocando algunos temas que pueden acercarse más a una propuesta de inclusión y van a concluir la década proyectos donde se analiza la democracia, la ciudadanía, ese tipo de temas que forman parte de un proceso que también quiere explicar el desarrollo del siglo XX. Y esto también se inserta en cambios a nivel mundial. La caída del muro de Berlín, la crisis del socialismo y otros hitos van a mostrar que ya no son los temas indígenas los que se tienen que trabajar, sino también los de una ciudadanía global.


Hacia finales de la década van a empezar a surgir proyectos más ligados a los imaginarios urbanos, los nacionales. Como parecería que ya se hubiera cumplido con el área rural al hacer todas estas descripciones etnológicas y antropológicas de cómo era el sistema de comunidades, entonces se hará más estudios urbanos sobre la ciudad; habrá como un lento cambio a lo largo de la década de lo local y comunal hacia lo global, pensando en nosotros como bolivianos que estamos, por un lado en lo local, pero por otro lado también en lo global.


¿Cómo recuerda el nacimiento del PIEB en esa década?


En ese contexto nace el PIEB, con estudios interesantes como los relacionados al derecho indígena, la ley, la costumbre que, igual que la globalización, sabemos que tiene dos ejes, lo local y comunal, y lo global dejando de lado lo nacional, dejando de lado el concepto de Estado/Nación. Es en ese primer momento que apoya proyectos que van a debatir temas del imaginario, por ejemplo el que va dar lugar al libro "La Mesa coja" o los trabajos sobre literatura, sobre los imaginarios.


No nos olvidemos que es un programa de investigación estratégica, entonces en ese momento lo que considera el PIEB estratégico es, por un lado, cómo responder a la globalización y, por el otro, cómo responder a los actores sociales subalternos.


Este trabajo tuvo una importancia. Antes de eso la investigación se la hacía con buena voluntad, apoyo de las universidades y algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Pero el PIEB abre las posibilidades de una investigación más libre, sin lineamientos que normalmente están presentes en las ONG.

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