Sarela Paz
Fernando Luis García Yapur
Luis Fernando Garcés
La indagación sobre las dinámicas de territorio y poder tiene
como referencia cuatro escenarios en los que se despliegan procesos de construcción
y afirmación de identidades políticas, dirigidas a conformar estructuras
de autogobierno. Los escenarios son: el departamental, desplegado por el Comité
Cívico pro-Santa Cruz; el "norte integrado" de confluencia
de gobiernos municipales de la provincia Santiesteban, en el departamento de
Santa Cruz; la Asamblea del Pueblo de Guaraní; y la forma sindical campesina
en la provincia de Ayopaya en Cochabamba. En cada escenario se han configurado
dinámicas políticas a partir de matrices diferenciadas de organización
social y procesamiento de propuestas e imaginarios que en conjunto establecen
distintos campos normativos y/o discursivos de articulación e irradiación
hegemónica.
Un factor reciente y central que ha determinado la configuración de
las dinámicas territoriales es la definición de los contornos
institucionales para la formación de las estructuras de autogobierno
subnacional. El acuerdo congresal en torno a la propuesta de nuevo texto constitucional,
en particular del modelo de organización territorial del Estado, ha delimitado
en el plano simbólico el campo de ejercicio de las formas de autogobierno,
siendo ellas, en algunos casos, oportunidades que abren nuevos horizontes para
el despliegue de las estrategias de poder y, en otros, límites para los
procesos de construcción y afirmación de las identidades políticas
en construcción.
En términos sintéticos podemos señalar las siguientes
condiciones y hallazgos de la investigación respecto a la configuración
de los distintos campos de acción y disputa territorial.
- A nivel general, de aprobarse la propuesta constitucional en enero de 2009,
se establece una estructura de organización del territorio diferenciada
en cuatro escenarios: departamental, municipal, indígena y regional
(provincial o "micro regional" al interior de los departamentos).
Este último escenario está sujeto a restricciones de carácter
institucional y cualitativo en la medida que la autonomía regional
carece de facultad legislativa, y la delegación de competencias está
supeditada a la autonomía departamental.
- Dos procesos de configuración territorial (departamental y de los
municipios) se enmarcan en los dispositivos institucionales establecidos por
la propuesta de nueva Constitución Política del Estado. En cambio
la dinámica indígena del pueblo guaraní y sindical campesina
de la provincia de Ayopaya, por su naturaleza plural y subalterna, desborda
la forma institucional que pretende enmarcar y ordenar su dinámica.
Al respecto, en cuanto a los procesos de configuración territorial
en el nivel departamental y municipal la propuesta consensuada por el congreso
nacional presenta avances sustanciales en la construcción de un marco
institucional y competencial que delimita y contiene a las dinámicas
de autogobierno y afirmación territorial. Sin embargo, de acuerdo
a las formas de articulación y lucha hegemónica que ocurre
de manera diferenciada en esos escenarios territoriales, se configuran nuevos
campos de tensión y disputa territorial.
La disputa territorial en el escenario departamental de Santa Cruz se manifiesta
en la no correspondencia entre los mecanismos liberal-democráticos
de autogobierno (representación territorial, procesos eleccionarios
formales, sistema de partidos, etc.) con el modelo de ejercicio y reproducción
del proyecto regional y, sobre todo, con la estructura de organización,
representación y articulación que la soporta. A saber: la
confluencia de grupos de presión, elites empresariales y organizaciones
corporativas urbanas (clubes, "logias", confraternidades) en el
Comité Cívico pro Santa Cruz.
Esta incongruencia entre la forma institucional y la estructura del poder
regional cruceño instala una fractura de tensión insuperable
relativa al control del poder político, económico, simbólico
y territorial. Dos condiciones expresan la fractura: i) el modelo extractivo
y extensivo de explotación de los recursos naturales (principalmente
tierra) acompañada de un desarrollo urbano céntrico de concentración
poblacional y, ii) un modelo de integración social excluyente que
ha marcado una frontera étnico-cultural de diferenciación
e irradiación identitaria de las elites políticas y empresariales.
En la actualidad, el desplazamiento, la recomposición y reacomodamiento
de las identidades políticas giran sobre los ejes de la democratización
del poder político y económico, la "reterritorialización"
del proyecto regional, la redistribución de los recursos y a reconstrucción
de la identidad "camba" y cruceña. Por ello, el desafío
de la forma de autogobierno territorial encarnada en la autonomía
departamental consiste en la viabilidad o reinvención del proyecto
político-regional y, consecuentemente, en el éxito de la articulación
de actores sociales y territoriales de nuevo cuño.
En ese sentido, la futura recomposición de los actores y de los
contenidos del proyecto autonómico departamental abre la posibilidad
de una cancelación eventual del imaginario de gobierno subregional
emergente en el "norte integrado". Sin embargo, la articulación
de medianos productores de granos, campesinos arrendatarios sin tierra,
autoridades municipales, jornaleros y poblaciones de inmigrantes "collas"
en los principales centros urbanos de los municipios del norte, han logrado
fijar esta demanda como un componente central de una identidad regional
en expansión cuyo exterior constitutivo es, precisamente, la crisis
del proyecto regional encabezado por las elites cruceñas. De no transformarse
el modelo de poder regional departamental, la posibilidad disruptiva de
la autonomía regional en el norte integrado es latente y eficaz.
- En cuanto al escenario de Ayopaya, en los últimos años, ha
ido construyendo sus opciones de gobierno local/regional a la par de la construcción
de su identidad política. Estas construcciones territoriales-políticas
se han ido definiendo en el juego de las correlaciones de fuerzas frente a
los otros: en determinados momentos ha pesado fuertemente la relación
con el gobierno central o prefectural; o bien, el centro de confrontación
han sido los sectores extractivos del norte de la provincia; y también,
se ha dado en términos de control sobre los sectores que tradicionalmente
han articulado su poder político desde las centrales del norte o, finalmente,
en otros casos, mediante alianzas con sectores campesinos aledaños
en perspectiva de poder regional.
Con estos supuestos es de esperar que las opciones de gobierno territorial
local/regional en Ayopaya tomen tres posibles caminos:
- Asumir, de manera casi inmediata, los municipios de la provincia bajo el
paraguas de municipio indígena originario campesino que ofrece el proyecto
de constitución.
- Constituir la provincia en una región.
- Rearticular la alianza con los demás espacios de la circunscripción
31 (las provincias de Arque, Bolívar y Tapacarí; y una sección
de Sipe Sipe) a fin de conformar la Región Andina.
Las dos últimas opciones, a su vez, podrán tener un perfil preferentemente
de planificación y gestión (como está pensada inicialmente
la región en el proyecto de constitución y por tanto no necesariamente
reñida con la forma municipal) o de gobierno regional originario, propiamente
dicho.
El que se asuma uno u otro "énfasis" dependará, en
nuestra opinión, de la tensión y conflictividad que se desarrolle
con la prefectura departamental de Cochabamba; es decir, en la medida que el
gobierno departamental logre desarrollar un espacio hegemónico de articulación
de las ecorregiones del departamento, la propuesta de región andina cuajará
más como forma de planificación y gestión; a la inversa:
en la medida en que los mecanismos de representatividad política y simbólica
se erosionen o se profundice la apuesta por la diferencia étnico-campesina
en el contexto de una posible conflictividad con la Prefectura o con los resabios
de la confrontación urbano-rural, es más posible que la zona andina
tome forma de gobierno autonómico regional originario campesino.