EDUCACIÓN COMUNICACIÓN MEDIO AMBIENTE ANTROPOLOGÍA ARQUEOLOGÍA HISTORIA SOCIOLOGÍA ECONOMÍA CIENCIA TECNOLOGÍA
ESPECIALES
LINKS INSTITUCIONES
premio pieb trajines blogs contactos virtuales convocatorias librería pieb estantería investigaciones en línea videos fotonoticias dossier
  domingo 1 de agosto de 2010
búsqueda
ediciones anteriores
 
 
Crisis, continuidad y cambio en el sistema político boliviano 2003-2007

Gustavo Eduardo Córdova (coordinador), José Víctor Benjamín y Marlene Rosario Choque
     RESULTADOS FINALES

A la búsqueda de un nuevo equilibrio. Crisis, continuidad y cambio en el sistema político boliviano, 2003-2007

Eduardo Córdova
Marlene Choque
Benjamín Santisteban

El período 2003-2008 -que inicia con la crisis que provocó la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, una etapa histórica que conjugó el neoliberalismo y la democracia pactada, y viabilizó al referéndum sobre el proyecto de Constitución- estuvo marcado por varios momentos de incertidumbre. Incertidumbre, por ejemplo, sobre lo que harían los actores estratégicos y también sobre las vías que recorrerían para apuntalar sus propósitos. Es un lapso que expresa el desajuste entre el sistema político (el subsistema social que asigna poder y decide de manera vinculante sobre asuntos comunes), con inestabilidad en el tiempo y desequilibrio en los intercambios con la economía y la sociedad.

La ruta de transformación que atraviesa el sistema político marcó varios hitos sin retorno: La descentralización, la inclusión de los pueblos indígenas. Por otra parte, la crisis que desemboca en la transición actual es notoria, sobre todo a partir del año 2000, que conjuga cambios en varios aspectos: debilitamiento del sistema de partidos; efectividad legislativa de la protesta; efectividad de la protesta contra medidas neoliberales; disminución de la efectividad y estabilidad de las instituciones; disminución de la confianza popular y aumento del número de protestas.

El sistema político, o la política -en tanto que conjunto de ámbitos institucionales y patrones de acción regulados-, sufrió en los últimos años el desborde incontenible de lo político -la acción política, que no se enmarca necesariamente en canales formalizados o en maneras establecidas-. Surgieron actores nuevos y se incorporaron escenarios distintos a la negociación y disputa política.

En ese escenario se reconocen seis tendencias y desplazamientos de los ámbitos de decisión vinculante, que el proyecto de Constitución que será sometido a referéndum no resuelve a plenitud. Estos son:

  1. Multiplicación de los escenarios de negociación y disputa política (la política en los departamentos; la "ruralización" de la política);
  2. Desinstitucionalización (no tanto una "quiebra institucional" como la oposición o complementariedad entre la política en las calles y la política institucional);
  3. Plebiscitarismo (la consulta permanente con el "soberano");
  4. Reorientación de la relación entre política y economía;
  5. Mediatización (más que en las décadas anteriores, los medios son actores de las disputas políticas);
  6. Judicialización (sobre todo por la importancia de las decisiones u omisiones del Tribunal Constitucional).

A escala nacional, los cambios en el régimen político son notorios respecto del lapso en que predominó la democracia pactada. En el período 2003-2008 la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo no fue de subordinación de los parlamentarios. El "gobierno sin partidos" de 2003 a 2005 y la mayoría opositora en el Senado plantearon problemas de gestión parlamentaria que el diseño institucional próximo deberá enfrentar. El efecto de la segunda vuelta parlamentaria es difícil de prever porque se refiere al Ejecutivo y no al Legislativo.

En cuanto al sistema de partidos que colapsó en 2003, destaca su baja institucionalización (inestabilidad de los componentes y las relaciones, falta de arraigo en la sociedad, déficit de reconocimiento y legitimidad, falta de democracia interna) más que su carácter pluripartidario y moderado. Su debilidad se expresa en que las principales demandas de cambio democrático pasaron por otros canales. En los últimos años la representación se expresó en un sistema de movilización competitiva alrededor del clivaje geográfico.

La posible reconfiguración del sistema continuará contando en el corto plazo entre sus rasgos con la distancia ideológica. Siendo un régimen presidencial, las posibilidades de articular un sistema pluripartidario plantean riesgos de estabilidad. No es posible saber cómo se procesará el clivaje geográfico, si podrá configurarse un sistema nacional de partidos nacionales.

El sistema electoral no varió en el período tanto como el comportamiento electoral y de los políticos. Las cortes electorales también fueron afectadas por las presiones de la movilización competitiva. Aunque el proyecto de Constitución no modifica las circunscripciones, la forma de voto o la fórmula de asignación de representaciones en elecciones generales, el papel del Poder Electoral será más constante por la apertura de posibilidades de participación electoral popular.

Las múltiples reformas que se inician se harán sobre el terreno de una cultura política cuyo ritmo de cambio es presumiblemente más lento que la implantación de las innovaciones institucionales. Está pendiente el arraigo de valores como el pluralismo. Por otro lado, el "cortoplacismo" que afectó a la Asamblea Constituyente, cuyo resultado debía proyectarse al largo plazo, y los intereses personales y de grupo, siguen influyendo en la política, no necesariamente de modo activo o propositivo, sino en modalidades de veto y reacción.

En el curso de las reformas institucionales se observa la vigencia de dos formas de hacer política que conviven sin armonía: Una forma institucional apegada a la representación a través de los partidos y otra forma vinculada a la participación directa y a la movilización. En ese marco, todas las reformas de estos tiempos tuvieron dos elementos: disposición de los tomadores de decisiones hacia el riesgo (aceptar la Constituyente, aceptar "abrir" la política) y disponibilidad de alternativas institucionales (recetas, experiencias de otros países). A esto se suma la disponibilidad de las dos maneras de encarar la política. Entonces, el equilibrio que el sistema debe buscar no se refiere abstractamente a que los subsistemas sociales tengan interrelaciones estables sino también, por lo menos, a la previsibilidad entre la política institucional y esta otra política.



 
Quienes somos
Contáctenos
Enlaces
Webs / Investigaciones
Ediciones anteriores
Favoritos
Página de inicio
Registrese
© Servicio informativo especializado en investigación, ciencia y tecnología
Av. Arce 2799, esq. Calle Cordero, Ed. Fortaleza · Piso 6 · Oficina 601. Teléfonos: 2432582 - 2431866 · Fax 2435235