El significado de la mesa de Todos Santos
lunes 01 de noviembre de 2010
Unas familias, con más exuberancia que otras, adornan la tradicional mesa de Todos Santos para recibir a sus seres queridos, según la creencia llegados desde el más allá, el 1 de noviembre.
Las puluras (oraciones cantadas) de los niños, danzas, frutas, panes en diferentes formas, dulces, flores y otros alimentos son la ofrenda para los difuntos y cada una tiene su propia connotación.
Al menos en la región andina y algunos valles del país prima la exuberancia en esta festividad, dice el padre y director del Centro de Documentación en Tarija, Lorenzo Calzavarini.
El comunicador y etnólogo Milton Eyzaguirre, explica que el pan es la ofrenda más característica de esta celebración, en representación de la illa (espíritu de una cosa o un ser).
Ahí están, por ejemplo, las tradicionales t’anta wawas o panes que han adoptado la forma de bebés, niños o personas adultas, y que van adornadas con caretitas de estuco pintadas artesanalmente.
“Las t’anta wawas son la regeneración de la vida por parte de los muertos”.
Según Eyzaguirre, tanto en el pasado como en la actualidad se hacen panes en forma de llamas y caballos.
¿A qué obedece esto? “La creencia era de que el muerto se trasladaba en la punta de la nariz de una llama y atravesaba un río hacia Arequipa o Iquique (Chile), se supone que esta zona es de los muertos, porque es donde el sol se esconde”.
¿Y el significado de las escaleras de pan? En criterio de Calzavarini, esta representación “tiene un principio de unidad entre el cielo y la tierra”.
Eyzaguirre refiere que la escalera invita a las almas a bajar del cielo a la tierra, donde permanecen 24 horas, y luego a retornar al mediodía del 2 de noviembre.
La caña de azúcar, con la que también se adorna las ofrendas, sirve para facilitar el tránsito de las almas desde el más allá a la tierra, y viceversa.
“En Tarabuco se construyen escaleras de madera y las adornan para las almas con infinidad de productos de la tierra, zanahorias y tomates”, según Eyzaguirre.
El tocoro (tallo de la cebolla) es infaltable en una ofrenda a los muertos.
Su función es saciar la sed del muerto con el agua que contiene.
Algunas familias, para sustituir esta planta, ofrecen un vaso de agua o de otra bebida que era del agrado del finado.
El altar de Todos Santos, siempre tapado con un mantel negro en significado del luto, también lleva frutas e inclusive platos de comida preferidas por los seres queridos cuando estaba vivos.
Los suspiros, panales de dulces y otras golosinas endulzan la visita de los muertos, y las velas y flores, naturales o ratifícales, son otros de los elementos que adornan la mesa tradicional, que es recogida con oraciones al mediodía del 2 de noviembre.
El investigador y sociólogo David Mendoza explica que la despedida de los muertos en algunas comunidades andinas es especial pues se realizan ceremonias con puluras y pinkilladas; mientas que en los valles se acompañan las oraciones con moseñadas y tarqueadas.
En otros lugares del país, en cambio, las manifestaciones hacia las almas son diferentes.
Calzavarini relató que, por ejemplo, en Tarija la fiesta de Todos Santos “está interiorizada por el principio psicológico, para ser una terapia frente al dolor”, y no existe tanta exhuberancia durante la celebración.