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Investigación mira al intelectual aymara nacido de la movilidad social y la democratización de la política
Periódico Digital PIEB • 11-06-2012 Intelectuales aymaras Periódico Digital PIEBUna intelectualidad aymara nacida de la movilidad social y la democratización de la política ha fortalecido la agenda de reflexión nacional, dándole profundidad, dice Cecilia Salazar, quien a la vez identifica retos en su propuesta, específicamente frente a las minorías de tierras bajas que a la vez comienzan a tener más presencia en el ámbito democrático del país.

El libro “Intelectuales aymaras y nuevas mayorías mestizas. Una perspectiva post 1952”, que contienen esas reflexiones, será presentado este 12 de junio, a las 19.00, en la sala Luis Bazoberry de la Cinemateca Boliviana. Se trata de un documento, elaborado por Cecilia Salazar, Mirko Rodríguez y Ana Evi Sulcata, producido en el marco de la convocatoria organizada por el PIEB “Racismo, discriminación y relaciones culturales en Bolivia”.

En esta entrevista Cecila Salazar, la coordinadora del estudio, explica algunas de las características de sus hallazgos.

¿Cómo se da la incorporación de un sector de intelectuales aymaras en el círculo de intelectuales del país?
Es el resultado, para nosotros, de los procesos que desató la Revolución de 1952, que puso sobre el tapete de la reflexión y de la autoreflexión de todos los sujetos la idea de que todos éramos bolivianos, por tanto todos sujetos igualitarios, entre nosotros, en el sentido jurídico político. Eso es resultado de una acumulación de procesos que se fueron produciendo previamente (…). La presencia de la intelectualidad aymara tiene que ver con la idea de que los sujetos asumen que tienen el derecho a representar, a través de la argumentación, lo que consideran son los problemas de la colectividad, y cada intelectual lo hace sobre la base de su propia biografía, de las necesidades que percibe en su entorno social, su cultura, sus nexos con el mundo, su modo de concebir la relaciones sociales históricas, etcétera (…), por tanto presionados por los conceptos de lo nacional. En ese contexto el concepto de lo nacional estaba regido con la idea de la bolivianidad y de la castellanización (…).
Ahora, cómo se produce la integración de los intelectuales aymaras a la comunidad académica. Se produce cuando ellos traen consigo una discursividad vinculada a la reivindicación de los elementos que hacen a la justicia cultural. En la medida en que a pesar de que la Revolución del 52 produjo una serie de acontecimientos o soportes jurídico políticos para que todos nos concibiéramos como bolivianos, lo que no hizo es darnos condiciones materiales para que eso sucediera. Nos dice todos son bolivianos pero como podemos ser iguales si las condiciones materiales son tan desiguales entre unos y otros (…) Entonces la integración se da en el marco de una especie de tensión entre estas dos cuestiones.

¿Cuáles son los intereses y las propuestas que traen consigo?
Cuando te hablo de esta tensión entre estos dos campos, te estoy diciendo de la imposibilidad de que finalmente nos reconozcamos todos como iguales. Esa desigualdad está provocada por la imposibilidad de que todos accedamos a los mismos bienes culturales o a los bienes culturales que nos van a permitir constituirnos como ciudadanos culturalmente también. Esa diferenciación hace que se creen barreras entre los sujetos…, por ejemplo tener un empleo en la academia universitaria es un privilegio pero al mismo tiempo es un campo de disputa, acceden a ese empleo universitario quienes disponen de cierto tipo de recursos culturales, hablan inglés, tienen doctorados, post doctorados, pero el empleo universitario es tan escaso como las otras formas de empleo en el país, entonces se convierte en un campo de disputa. En esa disputa se pone en juego la tensión a la que hacíamos referencia, si somos iguales por qué no puedo acceder, la única explicación es que hay una cuestión natural que supuestamente me impediría acceder a estos bienes culturales, y eso tiene que ver con la lengua y con la raza (…).

Desde quienes tienen empleo, cómo hacen para preservar la propiedad de este bien cultural, que también es material y económico porque te garantiza la reproducción, señalando al otro como sujeto inferiorizado naturalmente: es un sujeto indígena por tanto no puede ser intelectual, lo único que puede ser es trabajador manual (albañil, agricultor, etcétera). Se produce una barrera que naturaliza las relaciones sobre la base de cuestiones raciales. La intelectualidad aymara ha tenido que sobreponerse a esas predeterminaciones…, luchar contra esas predeterminaciones, sobreponerse a ellas, tiene que ver a una capacidad, una fuerza, energía, disponibilidad que para mí es extraordinaria, más aún en el caso de las mujeres que parecería que están predestinadas al trabajo doméstico (…)

¿Cuando estas personas venidas de áreas campesinas se convierten en intelectuales, cuáles son sus intereses y/o sus propuestas?
No todos vienen del área rural, hay una buena parte que nace en la sociedad urbana. Varios de ellos son la segunda generación después del 52, probablemente para ellos haya sido más fácil porque están más habituados a los códigos urbanos. Traen consigo una historia que está explicando la imposibilidad de integrarse a la sociedad boliviana o a la comunidad intelectual, necesitan por tanto darle un sentido a esta imposibilidad y el sentido que se da, en base a argumentos que se construyen racional e intelectualmente, tiene que ver con que acá hay un orden colonial, es un orden racista, es un orden ocupado por gentes extrañas a las que originariamente habían dado lugar a una sociedad como ésta. La explicación que se da es de orden colonial o neocolonial (…).

Todo intelectual trae una historia individual y colectiva, por tanto todo intelectual pone sobre el tapete una serie de argumentos que construye en base a esta combinación de factores, y los intelectuales aymaras traen una historia que asocia a sus vínculos inter-generacionales, con sus padres, abuelos, que viven en campo, que han sido objeto de pongueaje, servidumbre, etc. Hay un componente emocional poderoso para crear argumentos, otros componentes tienen que ver con la imposibilidad de integrarse a pesar de que uno avanza y se sobrepone para confluir como ciudadano. El argumento se va a retrotraer hacia escenarios previos a la construcción de la república, a la imposición colonial, a la persistencia de lo colonial en el seno de la república. Argumentos que van a cuajar en el katarismo, y otros que van a ser más radicales como el de los indianistas discutiendo el origen del Estado boliviano como un origen impuesto desde occidente, desde culturas hegemónicas ajenas a la esencia de lo que habría sido la sociedad prehispánica. Lo hacen a través de la revisión histórica, de la antropología, de la lingüística, de la sociología, lo que hacen es nutrir una agenda a la que probablemente le faltaba algo y probablemente siga faltando cuestiones nuevas que vayan surgiendo en futuro. Para mi han fortalecido la agenda de reflexión nacional, la han recreado, la han complejizado, dado otra profundidad y eso para mí es muy potente para nuestro propio autoconocimiento como colectividad llámese nacional o plurinacional.

¿Al final trabajan sobre el concepto de “las nuevas mayorías mestizas”, por qué llegan a esto?
Porque creemos que los procesos que se desataron en 1952 dieron la idea de que los sujetos podían movilizarse con libertad a partir de la ruptura o eliminación del pongueaje, se estatuye el voto universal y se estatuye el derecho a la pequeña propiedad, estos son elementos fundamentales para que los sujetos se movilicen socialmente. Me refiero a la movilidad del sujeto que va ascendiendo, cambiando de escenarios, de estatus. Eso era impensable en el país hasta entonces. Estos sujetos que ascienden socialmente o tienen la libertad para moverse en el territorio nacional, lo hacen con una convicción absoluta, ahora encuentras aymaras en Cobija, en Tarija, en el Chapare, que están comerciando, porque son una clase comerciante por excelencia, comerciar es intercambiar un producto por dinero, esos procesos de intercambio comercial, son también procesos de intercambio cultural. Al intercambiar económicamente, no te mantienes al margen de las relaciones culturales, inevitablemente hay una especie de movimiento cultural que gira alrededor del intercambio económico. Cuando hablamos de intercambio cultural hablamos de mestizaje, entonces estos grupos sociales que han entrado como mayoría cuantitativa a la política desde el 52, ése es concepto de Cachín Antezana, han entrado también como mayoría cuantitativa a las actividades comerciales, pero en estos procesos de intercambio se están mestizando, entonces estamos hablando de nuevas mayorías mestizas, de ese escenario surge la intelectualidad aymara tanto como surgen los bailarines del Gran Poder con una disposición material que les permite hacer actividades que no son estrictamente productivas, como filosofía, historia o baile que hace despliegue del ocio.

¿Algo más que quieras mencionar sobre este trabajo que estaba enmarcado en convocatoria del PIEB?
Creo que lo que está presente ahora son los desafíos para la intelectualidad aymara, frente a la hegemonía de la cultura aymara y su relación con las minorías indígenas del oriente. Yo me pregunto qué va a hacer la intelectualidad aymara frente a este hecho, su vocación va a ser legitimar la hegemonía o va a ser discutirla en función de la necesidad de que este país sea efectivamente un estado plurinacional, que reconozca las diferencias o las minorías, en este caso las minorías indígenas de tierras bajas. Para mí ése es el desafío a partir de ahora de esta intelectualidad, dado que ya tiene argumentos, ya está instalada en las universidades, en la cooperación internacional, tiene los elementos discursivos y materiales como para poner en el debate una posición respecto de qué es el país hoy.

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