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Investigador habla del 52 y la “parcialmente fallida” idea de ciudadanía homogénea
Periódico Digital PIEB • 10-04-2012 El 9 de abril de 1952 se inauguró la construcción de una ciudadanía homogénea que no tomaba en cuenta las diferencias culturales de las personas, dice el politólogo e investigador Gonzalo Rojas, para quien existe una deuda social que se debe traducir en el reconocimiento real de los indígenas.

En entrevista con el Periódico Digital del PIEB, Rojas plantea que con la “Revolución del 52” se inició un proceso de reconocimiento de un sujeto, el boliviano, como casi el sinónimo de mestizo. En su criterio el proceso que vive el país en este momento contiene, en su criterio, un reconocimiento legal y discursivo del sujeto indígena, pero con limitaciones porque está en proceso de convertirse en un proyecto de poder más que en un proyecto de ciudadanía.

¿Cuál es el legado de la llamada Revolución de 1952 que se puede percibir en la actualidad y que no hubiera sido cambiado o modificado por la reestructuración estatal de los 80 y luego en el gobierno de Evo Morales?
Lo ubicaría en dos grandes legados. Uno en la dimensión subjetiva del conjunto del país que tiene que ver con la autopercepción colectiva, con el nacionalismo, que obviamente toma fuerza con el Chaco, no es que no haya existido antes, y se va a oficializar en la construcción del Estado nacional… aquí el énfasis está hacia la nación entendida como el pueblo organizado, creo que ése es uno de los principales legados que sigue vigente con algunas variantes. Otro legado en la dimensión más institucional es la construcción del Estado nacional, como un poder con vigencia territorial. Hemos aprendido del Chaco y de su concreción el 52 que no podemos vivir de espaldas a las fronteras, eso tiene costos caros para el país. Así como se ha tardado años en asimilar la pérdida del Pacífico, el Chaco por la movilización social que ha supuesto, la cantidad de muertos y de prisioneros, ha movilizado la conciencia nacional. Esta mirada hacia adentro del Estado ha sido muy importante y tiene que ver con los correlatos de lo que estaba ocurriendo en el mundo: la preeminencia del Estado en la economía, una cierta visión de desarrollo guiada por el Estado como un ente supraindividual, el proceso de países como México con su revolución y su visión institucionalizada del cardenismo, el varguismo en Brasil, el peronismo en Argentina…

¿Aquello que empezó el 52, me refiero a la construcción del Estado nacional, llegó a ser lo que se propuso?
Estos procesos son de largo aliento, en términos mundiales podríamos decir que la construcción de los Estados nacionales es una cosa de tres siglos, desde la paz de Westfalia a mediados del (siglo) XVII, por eso es difícil dar crédito a voces que dicen que ha acabado la era de los Estados y que se vienen los Estados continente… porque los procesos históricos son de dimensiones seculares en algunas cosas e incluso milenarios. En el caso boliviano fue un gesto de afirmación muy importante la nacionalización de las minas, el sufragio universal, la reforma educativa, la reforma agraria, este intento de crear ciudadanía, que creo que es un intento en construcción incluso ahora… El Estado plurinacional es deudor de ese proceso en términos de construcción de una ciudadanía, cierto que esta ciudadanía ya no es la homogeneizante que suponía al boliviano como casi un sinónimo de mestizo. Ahora reconocemos la ciudadanía diferenciada, pero sobre todo en el papel, más que todo en la Constitución Política del Estado, lo que tiene que ver con las propias contradicciones de este proceso.

Aquí aprovecho para responder a esta evaluación que usted me pide sobre el Estado plurinacional, que a mi juicio es rimbombante en el discurso pero poco concreto en las realizaciones sobre todo de los pueblos indígenas minoritarios. Entiendo que el intento de denominar Estado plurinacional es un intento de afirmación de ciudadanía diferenciada para compensar desequilibrios históricos. A mí me hubiera gustado “segunda república”, no es nostalgia de una palabrita sino de la idea de república que supone la de ciudadanos, que no son súbditos, sino gestores de su propio destino y en ese sentido titulares del poder político.

Obviamente eso es una idea democrática que va contra una tradición muy fuerte en nuestros países, que es la imagen del caudillo o del héroe, para usar la expresión de Carlyle, que cree que funda una nueva época con su sola presencia, cuando sabemos que son procesos acumulativos donde los actores son más bien colectivos, lo que no niega el papel de los liderazgos.

El Estado plurinacional es una especie de deudor del Estado nacional, dice usted, pero qué pasa con el Estado nacional que comenzó a construirse el 52, ¿no le adeuda también a la sociedad boliviana frente a las expectativas que generó?
En lo que digo que es deudor (el Estado plurinacional) es en el proceso de construcción de ciudadanía, pero no la ciudadanía homogénea que se pregonaba el 52. Como eso ha sido fallido parcialmente, ha dado lugar inicialmente al katarismo en sus distintas vertientes y más recientemente al empoderamiento de los pueblos de tierras bajas, TIPNIS para darle una referencia fuerte. La idea de ciudadanía homogénea ha sido fallida parcialmente porque lo que queda claro para los bolivianos de hoy es que todos somos titulares de derechos e incluso estamos dispuestos a las movilizaciones de todo tipo “hasta las últimas consecuencias”, como nos gusta decir, porque no admitimos que el poder político decida por nosotros. Sin embargo (el Estado Plurinacional) es novedoso en el sentido de esta visibilización, exagerada incluso, de las naciones indígenas, lo que no quiere decir que los pueblos indígenas no tengan sin duda un papel protagónico incluso en mi propia mirada… Mi crítica es a la poca concreción de eso en la realidad, por eso he mencionado el TIPNIS, que (nos pone) en un momento de quitar el velo al discurso del oficialismo, arropado del discurso plurinacional indígena pero en los hechos tan centralista o más que algunos de los anteriores (gobiernos). Ahora tenemos menos autonomías de las que teníamos con los municipios de la Participación Popular en la segunda mitad de los 90, (el gobierno) es poco tolerante con la disidencia política y, en ese sentido poco democrático, porque el verdadero sentido contemporáneo de democracia es pluralismo para la diferencia, para la disidencia… La propia Constitución reconoce todos los pluralismos, lingüístico, económico, cultural, nacional y el decisivo para la construcción democrática es el pluralismo ideológico político; eso es lo que no está haciendo este proceso y es parte de su propia limitación… Eso nos pone en la situación de que quedan tareas por concretar de ciudadanía diferenciada a democrática, en esa construcción el debate democrático debería estar a la orden del día… El 52 ha tenido sus concreciones, unas mejores que otras, por ejemplo la reforma agraria fue más exitosa en el campo puramente político, en tanto hacer ciudadanos a los campesinos, y menos en términos de eficiencia económica; la nacionalización de las minas fue un momento de afirmación de soberanía, pero después en el 85 con Paz Estensoro tuvo que dar un viraje que llamamos neoliberalismo…; el Estado como botín del partido de turno o de la fracción gobernante de turno... Por tanto en un proyecto democrático se requiere el concurso de los mejores hombres y mejores mujeres del país, y eso no se consigue por vía de la persecución o intolerancia, se consigue por vía del debate democrático y ése es uno de los principales aplazos del actual régimen.

¿Fue también sólo un discurso el de la “conciliación de clases” que planteaba en MNR, porque si bien se avanzó en la obtención de derechos, cómo quedaron las clases sociales?
Creo que lo importante es esa forja de la nación, tengo a mano un libro más o menos clásico de Heraclio Bonilla donde muestra el impacto de la guerra (del Pacífico) en el Perú. En Bolivia tardamos en darnos cuenta de la pérdida del Pacífico, en negociaciones anteriores al estallamiento del conflicto, me refiero al de 1872, en algún momento nuestro gobierno consideró la posibilidad de vender el litoral, ahí el diplomático Rafael Bustillos se opuso a la Cancillería y al Presidente, lo que muestra que nuestras clases dirigentes no valoraban en su suficiente dimensión una salida soberana y propia al mar… Hemos empezado el siglo XX saliendo de una confrontación interna que conocemos como la Guerra Federal que es guerra civil de proporciones para el país que éramos ese momento, y tardamos unos años en tratar de construir Estado y ciudadanía pero en términos restringidos de la democracia censitaria… es decir de propietarios, varones, etcétera. En nuestro caso además tenía un componente de raza, y eso es lo doloroso, ésa es nuestra deuda pendiente en estos días. Pero ciertamente la construcción de ciudadanía, de Estado de derecho, por lo menos de Estado social, arranca el 52. Ahora vivimos un momento de terminar esa deuda social por la vía del reconocimiento de lo indígena, pero lo limitativo es que es un reconocimiento más bien discursivo, aunque tenga referencias legales (CPE), sabemos que tiene enormes limitaciones porque ha terminado siendo un proyecto de poder más que un proyecto de ciudadanía...

¿El 52 entonces se ha empezado algo que todavía no se ha terminado, en términos de reconocer la ciudadanía?
Así es, el (9 de abril del) 52 no debería ser una fecha de conmemoración partidaria, entiendo que los del MNR se apropian del asunto, también están en su juego y lo mismo el 2006 el MAS capitaliza (el momento), pero es un esfuerzo de las jornadas de octubre en 2003. De este proceso también la figura más relevante es Evo, no tanto por sus meritos intelectuales, sin duda tiene olfato político, sino por lo que representa, su origen indígena, su trayectoria sindical que ha aprovechado muy bien a nivel internacional y aquí para mostrar que el hombre se construye desde abajo, parte de eso es verdad y parte de eso tiene que ver con una trayectoria sindical puramente gremial de la defensa de la hoja de coca como recurso del sector que representa y que nunca ha dejado de representar, sigue siendo presidente de las Seis Federaciones de Coca del Chapare.

¿Hay algo más que quiera añadir?
El carácter popular de este proceso. Creo que sin duda el 2005 el MAS y su propuesta, y el liderazgo de Evo, representaban una enorme esperanza para el país, por eso lo inusual de la votación, ni siquiera comparable a la de la UDP… Cómo se ha administrado eso, a momentos con brillantez a momentos con sapiencia, sobre todo en el conflicto de la Media Luna, pero ha terminado siendo un proyecto más restringido. Esto se ha hecho evidente en el caso del TIPNIS, en la Octava Marcha Indígena, sabemos que no está cerrado ese capítulo, hay una Novena Marcha en curso, lo que muestra que no hemos resuelto nuestros problemas, que la CPE puede ser lo más avanzada en términos de reconocimientos de derechos indígenas, pero está lejos de sus concreciones. Para darle un ejemplo, de las ocho marchas de tierras bajas lideradas por la CIDOB, la peor tratada ha sido en el Estado plurinacional. Sin embargo la sociedad movilizada no indígena, en La Paz, por ejemplo, ha demostrado que ese discurso de ciudadanía diferenciada, de tratamiento preferencial a los débiles, ha pegado, por eso es que ha tenido un recibimiento quizás solo comparable a la Primera Marcha del 90, de enorme solidaridad… Queda mucho por hacer y lo que podemos aprender, esa es una enseñanza de James Malloy, en su estudio la Revolución Inconclusa, es que para resolver los viejos problemas acumulados no basta la voluntad política que se traduce en un gesto revolucionario, en la toma del poder de determinada bandera política, sino supone acumulaciones económicas y sociales que se construyen en el tiempo, por tanto esos procesos pueden incluso conspirar para desarrollos más sostenibles. Sin duda cuando hay segmentos más bien conservadores o lo que en discurso del 52 se llamaba la oligarquía a veces no quedan otros caminos, en ese sentido no vemos a las revoluciones como escándalos, pero ciertamente no son pan de cada día, lo que importan son los procesos sostenidos de construcción de ciudadanía que implican derechos políticos pero también económicos, sociales, culturales. Ahora sabemos que también culturales, el 52 no pensaba en términos culturales el asunto, por eso incluso de las grandes medidas la reforma educativa es bastante tardía, y es modesta aunque congruente con esta idea de nación homogénea.

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