Como los otrora soldados franceses de caballería
pesada, los jóvenes bolivianos han decidido tomar la iniciativa y convertirse
en la avanzada de los intensos cambios que vive el país, aunque con un
protagonismo no siempre bien medido por los líderes nacionales, que los
han convertido en la "carne de cañón" de una pugna hegemónica.
A pesar de ello han surgido nuevas formas de hacer política, basadas
en la cultura o el arte, contrapeso necesario en un escenario nacional complejo. Sobre la participación política de los jóvenes bolivianos Los coraceros del cambio |
Abdel Padilla
Una primera impresión nos llevaría a pensar que este desfile generacional en los medios es el resultado de un protagonismo cada vez más latente, y que sumado a la constatación, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), de que la mitad de la población tiene menos de 22 años; o que la edad promedio de la demanda laboral es cada vez más baja; o que los galardones antes reservados a los "experimentados" hoy son alcanzados por los "iniciados" es el caso de los dos últimos premios nacionales de novela, obtenidos por jóvenes de 31 y 26 años, prueba que la historia está siendo trazada por nuevas manos y, más aún, que el nivel de participación de los jóvenes en áreas como la política es elevada y determinante en el concierto nacional. Sin embargo, como la realidad es algo más compleja y menos retaceada que lo que los medios de comunicación proponen, es necesario matizar este protagonismo y ubicar este nivel de participación en su clara dimensión. Para comenzar, la aparición mediática o mediatizada de los jóvenes estos días está relacionada en gran medida con actos de violencia y enfrentamiento, representada la mayoría de las veces en la figura de dirigentes de "grupos de choque" de los sectores políticos y regionales en conflicto, llámese Unión Juvenil Cruceñista, Acción Juvenil Tarija, Federación Universitaria Local (en particular de la Universidad San Francisco Xavier), Comité Cívico Popular, Grupo Marcelo Quiroga Santa Cruz, entre otros. Por otro lado, que el rostro del país es preponderantemente joven también tiene sus matices. Hay más jóvenes pero no todos tienen las mismas oportunidades. El mejor ejemplo es el área laboral. Según el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), el 2007 alrededor de 26 mil personas, la mayoría jóvenes, "a pesar de estar en condiciones de trabajar y buscar empleo activamente" no lo consiguieron. Y los que en el mismo periodo sí lo hicieron, algo más de medio millón entre 14 y 24 años, trabajaron según el INE como obreros o empleados, trabajadores por cuenta propia o trabajadores familiares no remunerados. En estas circunstancias, el protagonismo de los jóvenes puede quedar reducido a una mera participación mayoritaria e instrumental como se sostiene más adelante, cual peones en un tablero de ajedrez político trabado por la indecisión de los líderes, y en medio de una especie de "conflicto de baja intensidad" (2). Jóvenes siglo XXI ¿Los jóvenes del siglo XXI son víctimas de un desencanto prematuro del sistema y los mecanismos democráticos? En realidad no del todo, por lo menos no en Bolivia. La prueba es la participación de la mayoría de los 1,3 millones de personas, entre los 18 y 30 años (3), habilitados en el padrón electoral para votar en el referéndum revocatorio del 10 de agosto. La mitad de ellos nacieron en democracia y el resto vivió su juventud en ella. Desde luego con referentes políticos distintos a los de sus padres, que en su momento lucharon por recuperar las libertades ciudadanas, institucionalizar el voto y fortalecer las instituciones. Hoy, en cambio, las preocupaciones políticas de los jóvenes son diferentes y a la vez diversas cultura, religión, etnicidad, sexualidad, género , como distintos son los medios que emplean para alcanzar sus objetivos y superar sus retos: la música, el arte o la tecnología. Después de todo, buscar nuevos espacios -la calle, por ejemplo- e inventar sus propias formas, es su oficio. Desde luego estos espacios no siempre aseguran un encuentro entre pares o "iguales" desde el punto de vista del origen, aspiraciones y expectativas conjuntas, al contrario las identidades en estos grupos "están plagadas de prejuicios, fundamentalmente transmitidos por generaciones adultas, por el medio educativo escuelas y colegios y los medios de comunicación", asegura Karina Olarte, coordinadora de la investigación Identidades juveniles en Tarija, rupturas culturales y retos de integración. Durante el estudio "hemos encontrado muchos estereotipos y prejuicios que eran la base de relacionamiento entre los jóvenes, y que llevan a una intolerancia cultural", dice. Sin embargo, más allá de esta visión, que puede parecer particular, la visión de los jóvenes hoy es ante todo "globalizadora , nada de lo que pasa en el mundo les es ajeno". "Priorizan pequeños espacios de la vida cotidiana para impulsar la transformación individual o colectiva, tienen un respeto importante por el individuo, pero discurren entre la heterogeneidad del grupo de pares. El marco general de su especificidad sitúa a las culturas juveniles en el país como diversas pero similares al mismo tiempo" (4). Esto supone asumirlos como protagonistas de la modernidad, pero también como sujetos activos de la crisis de la sociedad. No se olvide que fueron jóvenes los que protagonizaron la guerra del agua en abril de 2000, en Cochabamba; los enfrentamientos de febrero de 2003, en La Paz, y la rebelión popular de octubre del mismo año, en El Alto; fueron jóvenes los que se armaron de bates de beisbol para "defender" su ciudad de la "invasión" campesina y cocalera el 11 de enero de 2007, en Cochabamba, y los que se defendieron de los bates con palos y machetes ese mismo día; fueron también jóvenes los que murieron en la Calancha en noviembre de 2007, en Sucre, en defensa de la "capitalidad plena"; y los que cayeron en los recientes enfrentamientos de Pando entre campesinos, normalistas y grupos cívico-prefecturales. La política, con otros ojos Una de las tesis de la investigación de Karina Olarte(5) es que los "jóvenes cuestionan la práctica tradicional de la política protagonizada por las generaciones adultas, por lo que buscan espacios y acciones que rompan las estigmatizaciones y 'etiquetaciones' que generalmente los acompañan". "Lo que hay que hacer dice por su parte Jiovanny Samanamud, coordinador de la investigación Jóvenes y política en El Alto es ver la potencialidad de los jóvenes para construir nuevas formas alternativas concretas de hacer política, centrada en la cultura aymara y asumiendo que hay otros procesos políticos que se generan y que tienen como base la identidad cultural. Los jóvenes en El Alto, por ejemplo, reinventan, reconstruyen sus posiciones; no hay homogeneidad, hay una matriz con distintas formas en las organizaciones. Una cultura reinventada porque cada organización tiene una forma particular de reconstruir su cotidianidad". Esta idea de resignificar la identidad cultural y volcarla al plano institucional de los jóvenes es fundamental porque invierte todo tipo de organización política inscrita en el plano formal a grupos en los que les no interesa el poder, el mando o la organización interna, sino que "cada cual se limita a su territorio, a su junta de vecinos, con una relativa autonomía". De hecho, "actualmente en El Alto las demandas juveniles se canalizan a través de la música, en particular del hip hop aymara, desde ese espacio público se lanzan temas de índole revolucionario y contestatario que configuran una revalorización de lo aymara como cultura", añade Juan Mollericona, responsable de la investigación Jóvenes hiphoppers aymaras en El Alto y sus luchas por una ciudad intercultural.(6) El hip hop refiere la investigación es un estilo musical de letras muy duras y críticas, al que los jóvenes alteños recurren para hacer escuchar su voz y replicar la demanda social. "Es una especie de diáspora que se da en toda la región, algunos dicen que es un consumo cultural, pero en realidad es una producción", aclara Mollericona. A esto hay que añadir que no es una producción cualquiera, ya que es muy difícil oír la interpretación de un hip hop aymara en otro país. Entre los temas recurrentes de las canciones están la discriminación, la identidad aymara, el ayni y la reciprocidad. Lo sucedido en octubre y en febrero de 2003, la inseguridad, el abuso policial a los jóvenes y la administración de la política también están presentes en el repertorio. "Es una expresión genuina pero ante todo juvenil, cuando el hip hop pase de moda, habrá otro género que lo reemplace, siempre dinamizando el mensaje de los jóvenes a partir de la música", sentencia Mollericona. En dos mundos Por otro lado, esta visión "globalizadora" del mundo como la llama Karina Olarte a través de la música, en este caso el hip hop alteño, requiere de un cable a tierra para afianzar la identidad del joven, que no es otro que la comunidad. Entonces, son también "jóvenes que viven tanto en el mundo rural como en el urbano y se nutren de ambos mundos", afirma Máximo Quisbert, coordinador de la investigación Líderes aymaras en cargos de responsabilidad comunitaria.(7) La investigación, realizada en las provincias Ingavi y Omasuyos, del departamento de La Paz, verifica la vigencia de algunas de las prácticas indígenas aymaras como el thakhi (democracia de los ayllus comunales) en el ejercicio de autoridades comunales, la mayoría de ellas representadas por "nuevas generaciones letradas", jóvenes residentes de la comunidad o estudiantes que retornan a sus tierras luego de radicar en la ciudad, de donde llegan cargados de nuevas experiencias. "Ya en su comunidad, a algunos se les da más importancia por sus conocimientos, pero a otros los ven como sujetos con intereses propios y no comunitarios. Si bien ellos mantienen algunas prácticas indígenas aymaras como el thakhi, las formas de ejercer autoridad van cambiando", concluye Quisbert. Efectivamente, como comprueba la investigación, si bien el thakhi se ha convertido en un espacio de "reivindicación política anticolonial de la juventud aymara", los jóvenes líderes no asumen plenamente las funciones de las autoridades tradicionales. Por ejemplo, cuando juran lo hacen solos y no en pareja, lo que altera el ritmo y las normas de la comunidad, y genera cierto escepticismo entre la gente, especialmente de mayor edad. Lo que pasa es que "la concepción actual de autoridad está variando debido a que los niveles de educación han aumentado", concluye el estudio. La otra política Por lo hasta ahora dicho, entender hoy a la juventud sólo como una simple franja "etárea" o creer que merece un reconocimiento o tratamiento especial por el sólo hecho de pertenecer a ella es por lo menos anacrónico. Si bien existe un despertar a la acción pública y colectiva que ya no requiere de la aquiescencia de los líderes políticos, no es suficiente ya que éstos aún subestiman e instrumentalizan la potencialidad de la juventud, como coinciden en señalar los diputados Ximena Flores (MAS) y Peter Maldonado (UN), los legisladores titulares más jóvenes de la Cámara Baja (ver sendas entrevistas), y ratifica Evelín Ágreda, viceministra de Género y Asuntos Generacionales (también entrevistada). Por otro lado, a pesar de los avances en el campo institucional, los jóvenes todavía no están del todo representados en las instancias de decisión, ya sea por factores meramente generacionales o por la recurrente discriminación. Quizás es por eso que "idealmente están de acuerdo con la democracia, pero a la vez expresan su descontento Lo que pasa es que los soportes fundamentales de la democracia aún no están consolidados en el imaginario de la juventud Se creía que el voto a los 18 años ayudaría a comprometerlos con la democracia, pero ellas y ellos se sienten manipulados con esta acción, de ahí que exista una marcada desconfianza en los operadores políticos", explica Yuri Tórrez, coordinador de la investigación Los jóvenes en democracia, la cultura política de la juventud cochabambina(8). Por otro lado, sentencia el estudio, "es claro que los jóvenes aseguran tener más tolerancia por los demás, pero en la práctica sus intensiones se diluyen con actitudes contrarias. Esto se evidencia, por ejemplo, en los linchamientos (en clases medias y bajas) y las inclinaciones racistas (en las clases altas)". En otras palabras, si bien los jóvenes, en general, se adscriben sin
titubear a la práctica y juego democrático, existe como
se ha mencionado antes un notorio desencanto por el sistema vigente, entre
otras cosas porque se instrumentaliza su capacidad y fuerza a favor de otros
intereses. Esto se expresa en una falta de compromiso pero también en
la creación de espacios y otras maneras de ver y hacer la política,
centradas ya no necesariamente en el poder o la dominación del "otro"
sino en prácticas culturales, literarias y artísticas, que afortunadamente
como también se ha visto antes son cada vez mayores en un país
polarizado y en una aparentemente inagotable pugna hegemónica. (1) Para el Viceministerio de Género y Asuntos Generacionales los jóvenes, como tales, están comprendidos entre los 16 y 26 años. (2) Concepto extraído de la historia militar y que en nuestro medio es aplicado por los analistas para adelantar una “guerra de boicoteos” entre las partes enfrentadas. (3) Estadísticas del Padrón Electoral de la Corte Nacional Electoral. (4) 2005 Identidades juveniles en Tarija. Rupturas culturales y retos de integración. Karina Olarte, Alma Luz y Neyver Espíndola. Cuadernos de Resumen. La Paz: PIEB. (5) Ibidem (6) Mollericona, Juan 2007 Jóvenes hiphoppers aymaras en la ciudad de El Alto y sus luchas por una ciudad intercultural. Cuadernos de investigación N°3. La Paz: PIEB. (7) Quisbert, Máximo 2006 Líderes aymaras en cargos de responsabilidad comunitaria. Máximo Quisbert, Florencia Callisaya y Pedro Velasco. La Paz: PIEB. (8) 2003 Los jóvenes en democracia, la cultura política de la juventud cochabambina. Yuri Tórrez, Nataly Tórrez, Juan Pablo Álvarez Vicente Quiñones. La Paz: PIEB. |