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  • El lunes 29 de mayo, el Periódico Digital pondrá en línea un Dossier sobre el tema del Trabajo y Trabajadores
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Número: 5

Escribir en T’inkazos
enero, 2000
Director: Rafael Archondo
 
Presentación:

Hasta ahora y en los cuatro números precedentes, hemos usado estas líneas para presentarle a usted los artículos reunidos en estas páginas. Ahora no tenemos razón alguna para salir de la norma. Sin embargo valga apenas una breve digresión sobre una grata noticia. En esta quinta entrega de T’inkazos contamos por primera vez con escritos, que no solicitamos. Son aportes estimulantes e inesperados, síntoma inequívoco de que nuestra revista de ciencias sociales gradualmente se va abriendo espacio en el mundo académico boliviano.

“Escribir en T’inkazos”, tal es la actividad que ha empezado a ser una meta para aquellos autores e investigadores que quizás no encuentran otro espacio público dotado de regularidad y acorde con sus intereses y público. Por supuesto que aplaudimos la tendencia y deseamos que estas páginas se hagan apetecibles y codiciadas para lectores y escritores.

La flamante alegría de acoger aportes va acompañada por un pequeño manual que pudiera servir de marco de referencia para los potenciales colaboradores de T’inkazos. Confiamos en su utilidad y capacidad de convocatoria.

Vayamos ahora a los temas de este número con el que concluimos el año 1999. Como ya se dijo, nos han llegado aportes no solicitados y son tres. El primero corresponde a Frédéric Richard, historiador francés con residencia en Bolivia, quien nos pinta un retrato diferente de Manuel Isidoro Belzu. El autor se aparta de las caracterizaciones generalizantes que colocaban al expresidente dentro del pelotón de caudillos bárbaros y nos permite entrar en los detalles de una administración más compleja, inteligente y heterodoxa de lo que suponíamos.

Luego viene el turno de Kathleen Slobin, investigadora de la Universidad del Estado de Dakota del Norte, quien nos permite atisbar una clase magistral suya sobre el papel de la subjetividad en el trabajo de campo tan propio de la investigación en ciencias sociales. La autora presencia de forma directa las lesiones por quemadura y la muerte, a causa de ellas, de una niña africana. La fuerza de la vivencia la obliga a interrogarse sobre la construcción de ese conocimiento. El artículo de Slobin fue gentilmente canalizado por nuetra amiga Susana Rance.

A continuación recibimos el aporte punzante de un “aguafiestas” probado. Javier Mendoza, el autor de “La Mesa coja” una investigación financiada por el PIEB, vuelve a atacar a umbrales de nuevo siglo y milenio, y nos recuerda que no pasa nada con las doce campanadas sobretodo si nuestra concepción andina del tiempo pone en claro que lo único certero es el presente.

De inmediato y puestos a tono con los balances de futuro, damos curso al tema central de este número: los jóvenes. En su artículo Verónica Auza Aramayo nos permite comprender los sentidos y trazos del graffiti pandillero, mientras Germán Guaygua, Ángela Riveros y Máximo Quisbert nos adelantan los resultados de la investigación acerca de los “changos” en El Alto. Sobre ellos hablamos con los mismos Guaygua y Quisbert, Alfredo Balboa y Mario Rodriguez en el habitual coloquio de T’inkazos.

Todos estos textos nos dibujan el conflictivo y creativo juvenil alteño nacido en la urbe y normado por padres adscritos al mundo aymara migrante. Cumbias, rap, sikuriadas, techno o rock son algunas de las disímiles destrezas simultáneas de estas existencias fronterizas fascinantes.

Este mismo marco de culturas que se cruzan, sobreponen y matizan, David Guss nos explica cómo se tradicionaliza la tradición. Para ello posa su mirada en Venezuela, donde a la luz de su análisis han surgido nuevas celebraciones populares como parte de un folklore que se reivindica originario.

En nuestra sección dedicada a los temas de sociedad y la cultura consignamos una entrevista con Francisco Thoumi, economista colombiano de la Universidad de Minesota, quien aborda un nexo pocas veces advertido por los analistas: la relación entre la producción exportadora de drogas y la cultura de los países especializados en ello. Se trata de un punto de vista que ilumina con aprticular fuerza nuestra realidad.

En esta ocasión tenemos el honor de contar con los cuadros más hermosos del pintor cochabambino Gíldaro Antezana, ellos llenan con su esplendor nuestras páginas. El privilegio se lo debemos y agradecemos a su hijo, quien tuvo la gentileza de abrirno las puertas a su colección.



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